Mi casa es un museo de memoria viva.
En el centro de mi alma atesoro Dos Encuentros entre Avelino & María.
En lo profundo de estos muros, perdura el aroma a chocolate de la nana y un legado que crece desde el inicio de mi era.
No hablo en pasado porque trasciendo en todo aquel que me visita... Soy La Quinta Montes Molina.
El final del siglo XIX y principios del XX, fue un tiempo de esplendor y prosperidad económica en Yucatán por la importancia del comercio mundial del henequén, que fue llamado aquí el “oro verde”. Muchos hacendados y comerciantes yucatecos amasaron fortunas y construyeron, en Mérida, palacios y hermosas mansiones en los estilos que estaban de moda en Europa. Esto se podía ver especialmente en la avenida Paseo Montejo.
Uno de estos hombres prósperos fue Don Aurelio Portuondo y Barceló, originario de La Habana, Cuba. Fue enviado, desde EUA, a trabajar a Mérida; ahí conoce a doña Josefa de Regil Casares, perteneciente a una distinguida familia y se casa con ella, quedándose a vivir en la ciudad.
Con amigos organiza una compañía para terminar las obras del hermoso Teatro Peón Contreras, en los primeros años de 1900, y aprovecha a los mismos arquitectos para diseñar y construir su casa. La nombraron “Villa Beatriz” en recuerdo de su hija primogénita; aún se puede ver ese nombre en el cristal superior de la puerta principal.
Debido a la difícil situación política que se vivió en México con la Revolución, don Aurelio, decide emigrar a Cuba con toda su familia en 1915. La casona fue comprada en 1919 por el señor Avelino Montes Linaje, otro dinámico y prominente hombre de negocios. Nacido en Laredo, España, en 1868. Al cumplir 13 años, fue enviado por sus papás a Mérida, a través de un conocido comerciante, que lo acomodó como empleado de una buena familia de la ciudad.
Empezando como recadero en una tienda, tuvo buen ojo para los negocios, y supo meterse como intermediario en el floreciente negocio del henequén.

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